
El día de ayer en el exigente circuito del Mont-Royal en Montreal (Canadá), Ecuador vivió una de las participaciones más solitarias y cuestionadas de su historia reciente en un Campeonato Mundial de Ciclismo de Ruta.
De los seis cupos que la Unión Ciclista Internacional (UCI) le había asignado en la prueba élite masculina, solo uno se ocupó.
Jonathan Narváez fue el único ciclista tricolor sobre la bicicleta, culminando esta prueba en el puesto 36, a 6 minutos y 48 segundos del sorprendente campeón, el estadounidense Brandon McNulty.
Esta extenuante carrera de 273,4 kilómetros se disputó sin grandes figuras, como el esloveno Tadej Pogačar y el ecuatoriano Richard Carapaz, quien días antes anunció su baja por complicaciones de salud tras una intensa campaña que incluyó el Tour de Francia y un cuarto lugar en la Vuelta a España.
A la baja de Carapaz, Ecuador sumó las ausencias de los primos Jefferson y Alexander Cepeda, Harold Martín López y Jhonatan Caicedo, quienes adujeron asuntos personales y compromisos con sus equipos para no asistir a la cita ecuménica en Montreal.
Así, la selección ecuatoriana se redujo a un solo hombre en un pelotón de 184 corredores, donde potencias como Bélgica o Colombia alinearon escuadras completas. Narváez, sin compañeros de equipo que lo protegieran o le facilitaran el trabajo, se mantuvo el mayor tiempo posible en el grupo de favoritos, cruzando la meta entre los 58 ciclistas que lograron terminar esta dura competencia.
La imagen de un ciclista ecuatoriano aislado en medio del pelotón internacional no pasó desapercibida. En redes y medios locales se multiplicaron los cuestionamientos a la Federación Ecuatoriana de Ciclismo (FEC).
¿Por qué no se gestionaron los reemplazos a tiempo? ¿Por qué se desaprovecharon cinco de los seis cupos disponibles en la máxima categoría? La entidad no ha ofrecido una explicación sobre las ausencias ni sobre la falta de corredores de reemplazo, a pesar de que, en principio, se había hablado de utilizar al menos cinco plazas.
El presidente de la FEC, Juan Andrade, había confirmado semanas antes una nómina con Carapaz, Narváez y los Cepeda como ejes. Sin embargo, la caída en cadena de los titulares dejó al país con una representación mínima en la prueba reina del Mundial.
En categorías inferiores sí hubo presencia (Nahomi Játiva, Anahí Bolaños, Mateo Ramírez y Anthony Coque), pero en la élite masculina el vacío fue total.
El contexto de la soledad de Narváez no se entiende solo por las bajas de última hora.
Desde los Juegos Olímpicos de París 2024, la relación entre Carapaz y Narváez ha estado marcada por la polémica. Ecuador contaba entonces con una sola plaza. La FEC aplicó un reglamento basado en puntos UCI de 2024 que favoreció al corredor de Sucumbíos. Carapaz, campeón olímpico en Tokio 2020, denunció falta de transparencia y criterios sesgados publicados a destiempo. Intervino incluso el Ministerio del Deporte. Al final, Narváez viajó a París y Carapaz se quedó fuera.
Ambos han intentado restar dramatismo al episodio sucedido dos años atrás, Sin embargo, la imagen de Narváez pedaleando solo, sin el apoyo que un equipo nacional completo habría brindado, reavivó la conversación sobre la gestión federativa y las tensiones internas.
A pesar de todo, Narváez logró completar la prueba y situarse en el grupo que terminó a poco más de seis minutos del ganador, en un resultado respetable para el «Lagarto».
El Mundial de Ciclismo de Montreal deja un sabor agridulce, con una participación individual digna de Narváez, pero un desaprovechamiento de oportunidades que la propia UCI había otorgado.
Las preguntas sobre la capacidad de la FEC para gestionar cupos, reemplazos y la relación con sus principales figuras quedan abiertas, en un deporte donde cada plaza cuenta y donde Ecuador ha demostrado tener talento de nivel mundial.
Desperdiciar cinco de seis cupos en este Mundial no es solo un detalle administrativo; es una oportunidad perdida que se siente con más fuerza cuando solo un ciclista cruza la meta.
