
El plan de la FIFA liderado por Gianni Infantino para crear la subsidiaria FIFA Forward Enterprise (FFE) de vender una participación minoritaria de la Copa del Mundo (alrededor del 20%) a inversores privados ha sido descartado tras una fuerte oposición interna y externa.
El esquema buscaba recaudar hasta 4.200 millones de dólares con Thrive Eternal (fondo vinculado a Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump) como líder del grupo inversor, asesorado por JP Morgan.
Los fondos se destinarían a un programa de desarrollo (FIFA Fast-Forward) que ofrecía a las 211 asociaciones miembro pagos de hasta 40 millones de dólares cada una si aprobaban la propuesta antes del 19 de septiembre.
Infantino lo presentó como una “democratización” del fútbol y una oportunidad no obligatoria, pero las Confederaciones (especialmente UEFA y otras) denunciaron la falta de consulta y lo consideraron como un plan para la privatización de la Copa del Mundo, amenazando con boicots.
La controversia ha erosionado el apoyo a Infantino dentro de la FIFA y entre las Confederaciones. El asesor senior Carlos Cordeiro (ex presidente de la USSF y vínculo clave con la administración Trump) renunció el 31 de julio en protesta, calificando el plan de “mal negocio” para las federaciones y el deporte.
El director de operaciones Kevin Lamour afirmó que el personal directivo fue “engañado” y que se trata del A“proyecto de una sola persona”. Varias Confederaciones y Asociaciones criticaron abiertamente la opacidad y el vínculo con intereses cercanos a Trump, sumándose a críticas previas por la cercanía del presidente de la FIFA con el mandatario estadounidense (oficina en Trump Tower, Premio de la Paz de la FIFA, intervenciones públicas, etc.).
En este contexto de pérdida de respaldo de confederaciones, colaboradores cercanos y una imagen dañada por la relación con Trump, ha surgido especulación sobre una posible renuncia o debilitamiento de la posición de Infantino de cara a su reelección en 2027. Aunque FIFA no es una organización convencional y Infantino ha contado históricamente con el apoyo de África, Asia y Sudamérica, la magnitud de la revuelta (incluyendo amenazas de boicot europeo) y las deserciones internas lo dejan en una posición más vulnerable que en crisis anteriores.
Fuentes del sector señalan que, si el aislamiento continúa, su continuidad podría cuestionarse, aunque por ahora no hay confirmación oficial de dimisión y el suizo ha insistido en que el proceso es consultivo y que la FIFA mantiene el control del fútbol.
Ante el creciente descontento con Infantino ya han aparecido posibles contrincantes para el suizo en las elecciones de la FIFA, como el canadiense Victor Montagliani (presidente de CONCACAF) y el qatarí Nasser Al-Khelaïfi (presidente del PSG).
