
En una medida sin precedentes que sacude los cimientos del deporte global, la UEFA y sus 55 asociaciones miembro emitieron un comunicado conjunto anunciando que no participarán en ninguna competición organizada por la FIFA.
La drástica decisión surge como respuesta unánime al polémico plan presentado por Gianni Infantino para vender participaciones comerciales de la Copa del Mundo a grupos inversores privados. La cúpula europea calificó la iniciativa de «irresponsable e indefendible», enfatizando que la joya de la corona del fútbol mundial no está en venta ni puede ser tratada como un mero activo de inversión.
La indignación en el Viejo Continente estalló tras conocerse los detalles de la creación de FIFA Forward Enterprise (FFE), una filial comercial valorada en 20.000 millones de dólares orientada a captar capital privado con el respaldo de firmas de inversión vinculadas al entorno del mandatario estadounidense Donald Trump.
A pesar de que la propuesta prometía un incentivo económico de hasta 20 millones de dólares para cada una de las 211 federaciones del mundo, la UEFA denunció que el plan fue elaborado en secreto y bajo un modelo de «gobernanza basada en la intimidación», advirtiendo que entregar la gestión comercial a fondos de inversión subordinaría el calendario y el espíritu del juego al beneficio financiero de accionistas.
Si la cúpula de la FIFA mantiene su postura de privatizar los derechos de sus torneos, la postura firme de Europa dejaría a las próximas Copas del Mundo sin potencias históricas como España, Alemania, Francia o Inglaterra.
La amenaza de abstención no solo pone en riesgo inmediato la viabilidad del Mundial 2030 —coorganizado en suelo europeo por España y Portugal junto a Marruecos—, sino que desata una de las mayores crisis de gobernanza institucional que ha vivido el máximo organismo del fútbol desde el «FIFAgate».
